Espacio Cedido a la Carta de Lectores-

¿LA CULPA ES DE LOS CLUBES? 

La paradoja de la ayuda que excluye - Por Martin Gallastegui

Ayer un medio de nuestra ciudad publicó que dos clubes habían recibido un subsidio provincial.

En el subtítulo insinuó favoritismo: las ayudas estatales, decía, siempre llegan a los mismos clubes y no a quienes más lo necesitan.

De manera casi inminente, miembros de la comisión directiva de uno de los clubes beneficiarios salieron a desmentir tal acusación, manifestando que todos los clubes podrían haber accedido si cumplían con los requisitos para ser beneficiarios (papeles al día e inscripción en la convocatoria).

Lo interesante del tema en debate es que ambas partes tienen razón (a medias) y subyace un problema más profundo al relato de ambos (medio y club): el de las políticas públicas con fines nobles, pero que de manera ineficiente en su práctica distan mucho de generar las bondades que profesan.

El caso en cuestión son los aportes de dos programas gestionados por el COPRODE (Consejo Provincial del Deporte), que existe por ley desde el año 2008 y colabora con fondos a clubes para mejoras y ampliaciones edilicias.

El mismo programa menciona los requisitos que la entidad debe cumplir para inscribirse y ser beneficiaria. Pero aquí es donde se genera el problema real que las normas y la política aparentemente no comprenden, o no saben o no quieren resolver.

Desde hace mucho tiempo el Estado tomó un rol asistencial, donde la lógica es resolver con ayuda material directa, sin inmiscuirse en las cuestiones particulares. La universalidad de las políticas públicas no siempre funciona, y muchas veces fracasa. En contextos de poblaciones divergentes, lo que se pretende brindar de manera general termina excluyendo a la mayoría del acceso. Las trabas no las generan los clubes, sino las mismas particularidades de los programas.

Es sabido que la mayoría de los clubes, como gran parte de las instituciones intermedias, encuentran dificultades en el cumplimiento administrativo y sus exigencias. Esto les impide acceder justamente a las herramientas que deberían ayudarlos a resolver esas dificultades. ¿Qué paradoja, no?

Las comisiones directivas están integradas por socios que, con su esfuerzo voluntario, llevan adelante la gestión y la administración. Crean espacios de vinculación y esparcimiento, y garantizan acceso al deporte, al arte y a la cultura para gran parte de los habitantes de la ciudad.

Pero son muy pocos los que cuentan con colaboración en materia legal y, sobre todo, en gestión pública. Esa carencia les impide acceder en igualdad de condiciones a las ayudas que podrían sacarlos de esa situación de base, o afrontar gastos extra para crecer, cuando a diario viven con la soga al cuello.

Volviendo al programa en cuestión que desató la polémica, el COPRODE, para usarlo como ejemplo de lo hasta acá descripto, además exige otras cuestiones, como que una empresa haga una donación a cuenta de un descuento de impuestos provinciales o que cuente con personería deportiva, la cual es inaccesible para clubes que no tienen deportes federados.

Ante este panorama queda en evidencia que la mayoría de los clubes, sobre todo los más chicos y de barrio, se ven en una situación muy desigual. Esa diferencia marca, entre otras cosas, la verdadera desigualdad de base.

¿Y acaso esto es culpa de los clubes que sí acceden? Por supuesto que no, y esa pregunta es la que motiva esta pequeña nota de opinión. Porque lo que se generó a raíz de la publicación fue un intercambio de verdades a medias y acusaciones cruzadas, pero no ponen en evidencia el problema de fondo: el mayor programa provincial de fomento y apoyo al deporte no funciona. En Lugar de ser un puente para fortalecer los espacios barriales, formativos y de contención de jóvenes y niños, solo sirve para asignar y dar fondos públicos a clubes que, hasta en muchos casos, no los necesitan o no les cambian el presupuesto anual.

Esta situación no es nueva ni excepcional. Se repite gestión tras gestión, con distintos programas y distintos gobiernos, siempre con la misma consecuencia: la exclusión de los que más necesitan.

Los intentos por “ordenar” a las instituciones intermedias terminan siendo esfuerzos superficiales: planes de asesoramiento que apenas regularizan por un tiempo y que, al poco de perder la asistencia, vuelven a dejarlas en la misma situación de irregularidad. Lo digo también desde mi experiencia personal. Cuando tuve el honor de ser parte de la comisión directiva del Club Independiente, fui uno de los precursores de la fundación de la Red de Clubes de Roldán. Ese espacio nos permitió unir fuerzas, compartir problemáticas y exigir en conjunto condiciones de igualdad para todos. Recuperar ese espíritu solidario y de trabajo mancomunado entre instituciones es hoy una tarea urgente si queremos cambiar estas realidades.

Y nótese el concepto que se repite constantemente en el diagnóstico: la palabra asistir. Y ahí es donde se debe dar el giro de 180 grados si queremos que las políticas sean realmente universales y permitan alcanzar los beneficios que evocan en sus textos, pero que en la realidad de la gente no existen.

Llegó la hora de dejar en el pasado ese Estado asistencialista y construir uno nuevo: un Estado Acompañante.

• Que actúe como un facilitador.

• Que sea un puente hacia la integración social.

• Que empodere a la ciudadanía y sus instituciones. Dotándolas de autonomía y brindándole herramientas para que construyan su propio bienestar. 

Un Estado Acompañante debe garantizar que la reasignación de recursos (que pagamos entre todos) llegue en primer lugar a donde más se necesite y que permita el desarrollo local de todas las instituciones deportivas, sociales y educativas, especialmente las más pequeñas.

Porque no alcanza con indignarse por quién recibe o no el subsidio: necesitamos organizarnos para exigir un Estado que camine a la par de nuestras instituciones y de nuestro pueblo.

Y porque no se trata de pedir menos asistencialismo: se trata de reclamar más acompañamiento, más autonomía y más futuro para nuestros clubes e instituciones

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