Editorial de Natalia Porfiri @nataliaporfiri

Las ciudades también pueden empobrecerse mientras se desarrollan. 

Mientras la agenda pública gira alrededor de obras, transporte y nuevos desarrollos urbanos, crecen las preguntas sobre la calidad de vida, los vínculos y el futuro compartido de la ciudad. 

Esta semana escuché una extensa entrevista al presidente del Concejo Municipal. Como ocurre habitualmente en la agenda pública local, los temas centrales fueron las cloacas, el transporte, el pavimento, la conectividad, los loteos y las herramientas para acompañar el crecimiento de la ciudad. Y es lógico que así sea.

Roldán creció como pocas ciudades de la región. Cada nuevo barrio, cada calle pavimentada, cada ampliación de servicios responde a demandas reales de una comunidad que no deja de expandirse. 

Sería absurdo negar la importancia de esas discusiones.

Sin embargo, mientras escuchaba hablar del futuro de la ciudad, me quedó dando vueltas una pregunta incómoda. ¿Y si estamos discutiendo mucho cómo crece Roldán y demasiado poco cómo vive? Porque mientras hablamos de obras, también ocurren otras escenas.

Ocurren en las escuelas, donde docentes que eligieron enseñar terminan muchas veces gestionando conflictos, angustias y situaciones que exceden largamente lo pedagógico. 

Ocurren en las familias, atravesadas por la incertidumbre económica, el agotamiento y la dificultad de sostener rutinas, vínculos y proyectos. Ocurren en los clubes, donde no siempre son los chicos quienes tienen más dificultades para convivir. Ocurren en los barrios, donde cada vez vivimos más cerca unos de otros, pero no necesariamente más conectados. Ocurren entre muchos jóvenes para quienes el problema no es solamente evitar una adicción, sino encontrar motivos para imaginar un futuro.
Nada de esto aparece habitualmente en las discusiones públicas. 

Y sin embargo también forma parte de la ciudad, quizás porque seguimos pensando el desarrollo casi exclusivamente en términos de infraestructura. Más calles, más servicios, más transporte, más conectividad. Todo eso importa, y mucho, pero el desarrollo urbano y el desarrollo humano no son exactamente la misma cosa.

Una ciudad puede tener más pavimento y menos comunidad, más habitantes y menos vínculos, más inversiones y menos espacios de encuentro, más crecimiento y más soledad.

Las ciudades también pueden empobrecerse mientras se desarrollan y no hablo solamente de dinero. Hablo de participación, de confianza, de proyectos compartidos, de pertenencia y de la capacidad de imaginar un futuro común.

Por eso me llamó la atención que, casi al mismo tiempo que gran parte de la dirigencia local volvía a discutir infraestructura y crecimiento, apareciera una encuesta destinada a conocer la situación de las mujeres de la comunidad.

No porque la iniciativa sea cuestionable. Todo lo contrario.
Lo que resulta llamativo es que la encuesta abre interrogantes que hasta ahora no parecen tener demasiadas respuestas públicas.

¿Qué diagnóstico existe hoy sobre la situación de las mujeres en Roldán?
¿Qué programas se están desarrollando?
¿Qué recursos se ejecutan concretamente?
¿Qué resultados se esperan obtener?
¿Estamos frente al inicio de una política pública sostenida y evaluable o simplemente ante un relevamiento aislado?

Porque escuchar siempre es importante.
Pero gobernar implica algo más que escuchar.
Implica planificar, intervenir, evaluar y rendir cuentas sobre los resultados.
Tal vez una ciudad no deba medirse solamente por la cantidad de obras que inaugura.

Tal vez también deba medirse por las oportunidades que genera, por los vínculos que fortalece y por la calidad de vida que construye para quienes la habitan.

Cada dos años volvemos a discutir quién debe conducir Roldán. Mucho menos frecuente es la discusión sobre hacia dónde queremos conducirla, y quizás ahí esté el verdadero desafío, no solamente administrar una ciudad que crece.

Sino evitar que, en medio de ese crecimiento se nos escape aquello que hace que una ciudad sea algo más que un conjunto de calles, loteos y servicios: La comunidad.

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